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Con los pies en la Tierra

Con los pies en la Tierra

 

Carlos Ruperto Fermín

 

Cuando aprendemos a diferenciar lo ordinario de lo extraordinario, podemos rescatar y valorar el maravilloso sentido de la vida, porque no es lo mismo perder el tiempo comiendo y durmiendo, que aprovechar el tiempo trabajando por la salud del Medio Ambiente.

 

Por desgracia, siempre encasillamos nuestro presente con el trágico vivir por vivir, antes de comprometer el futuro con el anhelo de soñar para vivir. La falta de metas personales que motiven el aura del alma, nos condiciona a sobrellevar la realidad del existencialismo planetario, en un predecible estado vegetativo de conformismo.

 

La depresión somatizada por el patetismo del Ser Humano, arrebata el bienestar de la colosal Madre Tierra, que irradia la luz de los delitos ecológicos ocasionados en el siglo XXI, por la nueva psicosis tripolar establecida en el psicótico Mundo moderno.

 

Preferimos condenar nuestro destino a una muerte sin arrepentimiento, antes de sufrir el aprendizaje emocional de la desilusión, de la decepción y del dolor. Nunca deseamos aprender en las épocas de crisis, pero estamos perdiendo la oportunidad de reconectarnos con invaluables vivencias cotidianas, que nos ayudarán a superar el castigo de la confusión, y nos permitirán recuperar la hermosa osadía de soñar despiertos.

 

Podemos escuchar el trinar de los pájaros, sentarnos a meditar en el parque, observar el paso firme de los abuelos, reír con la risa de los niños, jugar con un perro de la calle, besar un pegadizo bostezo, gritar una canción a capela, cambiar el color del cielo azulado, y abrazar el tronco de un árbol.

 

Tenemos un sinfín de experiencias tan simples como fortificadoras, para elevar el sagrado espíritu de la Humanidad, y aflorar el sentimiento de sanidad en nuestra golpeada imaginación.

 

Una golpeada imaginación sideral, que diariamente es asediada y acosada por el meticuloso contenido negativo, explayado en el entorno biofísico circundante. De allí, que la pirámide invertida dibujada en la providencia terrenal, nos regala millones de rostros cansados de arrastrarse en una gran mentira, que representa el corazón agrietado y marchito de todos los hombres y sus mujeres.

 

Podemos pisotear una hormiga en el desierto, maldecir la autoridad de un relámpago, escupir el oasis del jardín, quemar por capricho la basura, glorificar el pecado del adulterio, abusar del consumo eléctrico, derrochar una gota de agua, limosnear por una limonada y bautizar la biología capitalista.

 

Tenemos un sinfín de experiencias tan complejas como fútiles, para derrumbar el sagrado espíritu de la Humanidad, y aflorar el sentimiento de animosidad en nuestra errática imaginación.

 

La guerra entre hacer el bien o rehacer el mal, es una batalla muy complicada de ganar por méritos individuales, ya que los grandes desafíos del Universo exigen la unión de las fuerzas antagónicas, para conseguir el único objetivo posible e imposible de rechazar: la paz.

 

Para poder alcanzar la santa paz, es necesario recordar aquellos hitos históricos de amor, que el pasado de nuestros antepasados se encargó de ensangrentar en blanco y negro. Esos paisajes inmemoriales donde los pies no tenían dueños, no soportaban cadenas y no coleccionaban miedos, porque caminaban descalzos y confiados en llegar hasta la casa de la nada.

 

Pero con el surgimiento de la electricidad proletaria, el revolucionario sentimiento del amor se banalizó, se ridiculizó, y se prostituyó en todos los burdeles de las calles orbitales, gracias al consentimiento anárquico derramado por los reyes, por los pontífices y por los dictadores de turno.

 

En un abrir y cerrar de ojos, el amor se transformó en una marca registrada de la ciencia ficción, y para ganar el gozo carnal provisto en el amuleto de Eros, tuvimos que adorar la sonrisa de cortesía del maldito Dios Dinero, y tuvimos que destruir el rosario de libertad de la bendita Madre Tierra.

 

Es difícil pensar en Auschwitz, Chernóbil, Fukushima, Orlando, Taiji y Bento Rodrigues, sin antes pensar en los diez dedos del genocidio, del etnocidio y del ecocidio. Hemos utilizado nuestra inagotable capacidad de concentración, para construir gigantescos campos de inteligencia artificial, que no reconocen la serenidad del ser y la humanidad del humano.

 

El Humanismo exige una consolidación del respeto ambiental, que trascienda la gnosis malformada por las civilizaciones, por las religiones y por las politiquerías.

 

Sin embargo, la extinción del ancestral Lago Poopó demostró que la minería pulverizada, pudo desecar la fantasía de sus guerreras aguas. La grave contaminación del sacrosanto río Ganges, demuestra que el hinduismo también es víctima de la milenaria toxicidad. Y la casi extinción del piadoso Mar de Aral, demostró que la carrera belicista puede enmudecer a la tiranía del viento.

 

De hecho, nos produce muchísima alegría celebrar la independencia de nuestros países latinoamericanos, realizando una serie de actividades festivas que incluyen: el lanzamiento de pirotecnia, los coreográficos desfiles patrióticos, y la imposición pública del descanso laboral. Pero realmente estamos celebrando el éxito de la sangrienta irracionalidad, que se evidenció con las afiladas espadas de las masacres, con las rojizas flechas de los desastres, y con los indomables caballos del juicio final.

 

Por eso, antes de pretender solucionar los problemas ambientales mundiales, primero debemos identificar los problemas afectivos que existen en nuestras familias, hogares y comunidades. La dosis energética que define la interacción social de cada persona, también refleja la dinámica del trinomio basado en el pensamiento, en la acción y en la consecuencia.

 

A veces los resultados obtenidos del discernimiento cognitivo, no se ajustan al porvenir pragmático que esperábamos conseguir, por lo que la aplicación del libre albedrío en una decisión previamente tomada, NO debe escudarse en la tentación de las serpientes venenosas del pantano, para justificar los aciertos y los pecados que cometemos por mera discordia.

 

Cuando nuestro volcán de pasión se transforma en hielo ártico, solemos romper las piedras de los ríos más cercanos a la selva de concreto, buscando que los bosques de Alelí se traguen las monedas de nuestra orgullosa malcriadez, y así sigamos perdiendo la naturalidad del tiempo perfecto y consciente de la sabia Pachamama.

 

Si la enfermedad nos roba a un ser querido, a nadie le gustará escuchar la palabra Resignación. Si el desempleo nos deja con las manos vacías, a nadie le gustará escuchar la palabra Ánimo. Y si la vida nos obsequia lágrimas de desesperación, a nadie le gustará escuchar la palabra Paciencia.

 

Pero estamos seguros que con un poco de resignación, con una pizca de ánimo y con un toque de paciencia, los corazones rotos volverán a reconquistar la valentía del valiente, porque palpitamos con locura los más de 100.000 latidos, que vitalizan a diario el mágico milagro de la creación divina.

 

Una mágica creación divina que corre el riesgo de desaparecer, por la sofisticada soberbia que absorberá el péndulo de la Humanidad, antes que el Sol se canse de brillar en la galaxia, antes que la Madre Tierra se canse de amar a su descendencia, y antes que el asteroide se canse de golpear la corteza.

 

Imaginemos que compramos un boleto en el aeropuerto, para abordar el próximo avión de salida, y llegar con rapidez al destino elegido.

 

Todos los turistas mostramos signos de ansiedad, aburrimiento y preocupación, mientras esperamos el inevitable despegue del avión.

 

Una vez que aceleramos, ascendemos y gravitamos en el aire, le regalamos el preciado don de la vida a una máquina de turbinas, a un piloto con señales de ebriedad, y a un oxidado cinturón de seguridad.

 

No tenemos las alas celestiales de los ángeles, no tenemos las alas naturales de los pájaros, y no tenemos las alas supremas de los dioses. Pero jugamos a ser los dioses terrícolas, volando con un par de alas tecnológicas hechas por los superhéroes de la ingeniería aeronáutica, en un planeta Tierra tan grotescamente globalizado como el misterioso Triángulo de las Bermudas.

 

Un ejemplo prodigioso para la reflexión holística, lo encontramos en la película “Los Supersónicos conocen a Los Picapiedras”, que fue producida por Hanna-Barbera y estrenada en el año de 1987, siendo un acontecimiento inédito para la vida de ambas familias, que protagonizaron dos grandes períodos generacionales.

 

La historia gira en torno a una máquina del tiempo, construida por el travieso Cometín para ganar un proyecto científico. Al principio todos sus familiares desconfiaron del supuesto artefacto, pero después se asombraron al ver que la máquina era un invento real.

 

La máquina poseía una palanca de control, y dos niveles de ajuste para viajar al Pasado o al Futuro. Toda la familia supersónica aceptó con alegría viajar al futuro, deseando conocer el estilo de vida del extravagante siglo 25.

 

Pese a que Cometín dijo que su máquina fue ajustada para viajar al futuro, nos llamó la atención que la palanca señalaba con claridad el Pasado. Y cuando el perro de la familia llamado Astro, se emocionó porque también fue invitado al estupendo viaje, vimos que movió accidentalmente la palanca con su cola. Aunque con ese movimiento el nivel de ajuste debía indicar el Futuro, la caprichosa palanca otra vez se situaba en el nivel de Pasado.

 

Pero Los Supersónicos viajaron confiados de que llegarían al futuro, y bromeaban sobre la oportunidad de escapar de sus problemas. Luego de aterrizar en suelo desconocido, toda la familia se mostró confundida, sin saber qué planeta estaban visitando, y con temor de encontrar a una gente espeluznante, por el uso exagerado de vitaminas y esteroides.

 

El único que aterrizó tranquilo y alegre fue el perro Astro, que reconoció de inmediato la belleza de la Naturaleza, y los frondosos árboles en el bosque.

 

Todo lo contrario ocurrió con Súper, Ultra, Lucero y Cometín, que nunca habían tocado el pasto verdoso de la Tierra, y solo conocían la ecología aprendida en las lecturas de la historia antigua.

 

Pero sin saberlo, Los Supersónicos se encontraban en el mismo bosque de la edad de Piedra, donde Los Picapiedras estaban pasando unas improvisadas vacaciones, ya que Pedro y Pablo habían sido despedidos de sus trabajos, por lo que decidieron salir de las calles de Piedradura, para que Vilma y Betty no supieran lo sucedido.

 

Las dos familias se conocieron en el prehistórico bosque. Los Supersónicos pensaban encontrar seres más futuristas, y Los Picapiedras pensaron encontrar seres más primitivos.

 

Tras el desaliento de Los Supersónicos por el arcaico futuro, Cometín exclamó lo siguiente: “Tal vez avanzamos tanto en el futuro, que el tiempo empezó otra vez”.

 

Más allá de los problemas para relacionarse, ambas familias lograron comunicarse rápidamente, mediante el uso en común de la palabra “Amigo”, que tanto Los Picapiedras como Los Supersónicos entendían su significado.

 

Las familias simpatizaron, se adaptaron a los cambios y estaban sorprendidas, por las increíbles botas antigravedad que presumían los foráneos, y por el cómodo sofá de esquisto que presumían los oriundos.

 

No obstante, el verdadero plan que tramaba Pedro Picapiedra, era fructificar los avances tecnológicos de Los Supersónicos, para impresionar a su exjefe y recuperar su trabajo.

 

Pero la tecnología no le sirvió a Pedro, y el señor Rajuela no le devolvió el puesto de trabajo. En ese preciso momento, Los Supersónicos decidieron usar la máquina del tiempo para regresar a casa, pues Súper también estaba a punto de perder su trabajo, ya que su jefe el Señor Júpiter lo acusaba injustamente de soplón.

 

Antes de irse, Súper quiso tomar una fotografía con Los Picapiedras. Les pidió que se quedaran quietos, para que todos salieran encuadrados y sonrientes. Pero justo al decir la palabra “Quietos”, un desperfecto en la máquina del tiempo de Cometín, hizo que Los Picapiedras fueran transportados hasta el futuro.

 

Volvió a llamarnos la atención, que la caprichosa máquina indicaba el nivel de Pasado, cuando Los Picapiedras llegaron al mundo de Los Supersónicos.

 

El salvaje antagonismo de vida, no fue un impedimento para ninguna de las familias. Los Supersónicos se acostumbraron a las cuevas, y Los Picapiedras se acostumbraron a la multimedia.

 

Pero lamentablemente, cada familia fue utilizada y explotada por los astutos empresarios, que vieron en las excentricidades de Los Picapiedras y de Los Supersónicos, una posibilidad de ganar dinero fácil para sus propios intereses comerciales.

 

El impactante vuelo rapaz de Súper, hizo que su familia ganara una fortuna para comprar automóviles, salones de belleza, coliseos, hoteles, gimnasios, discotecas, y hasta la estación de bomberos.

 

Y el impactante rostro cavernario de Pedro, hizo que fuera proclamado como “el milagro de la época”, “el portavoz de la edad de piedra” y “el hombre más famoso del Universo”.

 

Sin poder lidiar con las frívolas responsabilidades, ambas familias se aborrecieron de sus propias vidas. Los Supersónicos se llenaron de quejas, enojos, insatisfacciones y pesares. Los Picapiedras se llenaron de egocentrismos, envidias, rencores y traiciones.

 

La palabra “Amigo” que había unificado la cultura de las dos familias, se había transformado en un amargo llamado de Auxilio, para regresar con la máquina del tiempo a sus vidas pasadas.

 

Irónicamente, la sirvienta de Los Supersónicos llamada Robotina, quien no fue invitada a viajar con la máquina del tiempo, resultó ser la heroína de la película rescatando a su amada familia supersónica, y logrando que todos los personajes regresaran sanos y salvos a la era espacial.

 

Mientras que Los Picapiedras regresaron a la edad de Piedra, porque absorbieron parte de la energía de la máquina del tiempo, y por la nostalgia que sintieron al sentarse en su vehículo prehistórico, que fue una novedosa mercancía de venta para los consumidores espaciales.

 

Al final de la historia, Pedro y Súper reconocieron sus tropiezos, recuperaron sus trabajos, y valoraron el gran poder de la amistad.

 

Queda claro que la evolución es un proceso limitativo, que tarde o temprano conduce a su propia involución. Es una ley tan natural como la promesa de nacer, crecer, envejecer y morir.

 

No se necesitan noches de insomnio, aceleradores de partículas ni hechizos astrológicos, para saber que el origen de todo lo que conocemos a lo largo y ancho de la vida, es un juego muchísimo más simple y adictivo de resolver, que incendiar las neuronas con la pregunta del huevo y la gallina.

 

En el caso particular del planeta Tierra, las imborrables huellas antropológicas de la especie humana, demuestran que la legendaria ley del Talión se comió el nido de los inocentes, el huevo de los soñadores, y la gallina de los pueblos laicos.

 

Cada instante evolutivo de los Seres Humanos, ha estado eclipsado por la más rudimentaria y violenta segregación social, que basándose en el instinto orgánico de supervivencia, llegó a consolidar un paradigma tan rebuscado como la ingratitud, la enemistad y la venganza.

 

Por eso podemos fabricar bombas nucleares, pero no podemos curar el Cáncer. Podemos colonizar la superficie de Marte, pero no podemos curar la Esclerosis Lateral Amiotrófica. Podemos clonar a una oveja, pero no podemos curar la Diabetes. Podemos reconstruir las torres gemelas, pero no podemos reconstruir la Capa de Ozono. Podemos curar la ignorancia, pero no podemos curar el Sida.

 

Es obvio que la prehistoria será el postmodernismo de la Tierra. Los Picapiedras tuvieron toda la suerte del Mundo, porque vivieron por primera vez el futuro, con la pureza de todos los recursos naturales existentes. Pero nosotros los Supersónicos ensuciamos todas las piedras preciosas, para que cuando regresemos por segunda vez al futuro, ya no existan dinosaurios que muevan sus colas de felicidad, ya no existan trompas de elefantes que calienten el agua potable, y ya no existan cuernófonos que hablen tonterías hasta la muerte.

 

Nos acostumbramos a la división cultural de los países, de las banderas, de los himnos, de los colores, de las fronteras y de los credos.

 

Pero hubo un inolvidable primero de enero, que reconoció al planeta Tierra como el único techo compartido por la Humanidad, como el único refugio compartido por la biodiversidad, y como el único camino por compartir en la vida.

 

Australia no siempre fue Australia, Venezuela no siempre fue Venezuela, e Italia no siempre fue Italia. No siempre los esquimales fueron esquimales, no siempre los indígenas fueron indígenas, y no siempre los templarios fueron templarios. Los americanos no siempre fueron americanos, los africanos no siempre fueron africanos, y los marcianos no siempre fueron marcianos.

 

Hubo un bendito primero de enero, en que todos fuimos hermanos de sangre, en que todos fuimos hermanos de raza, y en que todos fuimos hermanos de conciencia.

 

Hubo un bendito primero de enero, en que todos hablamos la misma lengua, en que todos comimos con la misma lengua, y en que todos besamos la misma lengua.

 

Hubo un bendito primero de enero, en que todos despertamos desnudos, en que todos dormimos desnudos, y en que todos soñamos desnudos.

 

Todo suena demasiado trillado, demasiado infantil y demasiado previsible, pero es la auténtica verdad que emancipa al planeta Tierra.

 

Si no podemos recordarlo, aceptarlo o imaginarlo, es porque el sentimiento de animosidad venció al sentimiento de sanidad, y el amor está muy lejos del último tren a casa. Ekologia.com.ve

 

Los venenos de las transnacionales

 

Todos sabemos que vamos a morir, pero nunca preguntamos cuándo vamos a morir. Hay muchas interrogantes que fácilmente tienen sus respuestas, pero sentimos miedo de aplicar el rigor de la capciosidad, en las decisiones cotidianas que definen nuestro presente.

 

¿Por qué la Coca-Cola es más adictiva que la cocaína? ¿Por qué el flúor de Colgate es cancerígeno? ¿Por qué el maíz de Kellogg’s es inorgánico? ¿Por qué la gente engorda con las hamburguesas de McDonald’s? ¿Por qué Monsanto sigue siendoMonsanto? ¿Por qué el pan Bimbo no huele a pan? ¿Por qué la aspirina Bayer es un placebo farmacéutico? ¿Por qué Nestlé falsifica los valores nutricionales de sus productos?

 

Engañar es un arte tan brillante, como idiotizar la vida de los Seres Humanos. No es necesario morder una mazorca del maizal para despertar del fatídico letargo, porque es más divertido que todos los animales fumen cigarrillos, beban cervezas y griten obscenidades.

 

Según las sagradas páginas del diccionario, la palabra Veneno se define como la sustancia nociva para la salud, capaz de producir graves alteraciones en los seres vivos, e incluso ocasionar la abrupta muerte.

 

Todas las preguntas se responden con ácido ortofosfórico, tartrazina, aspartamo, fluoruro de sodio, bisfenol A, carragenina, fructosa, arsénico, hidróxido de amonio, glutamato monosódico, sal yodada, sucralosa, goma xantana, dióxido de titanio, metanol, carboximetilcelulosa, acesulfame potásico, fenilalanina, acetaminofén, plomo, y demás componentes primordiales de la artillería química.

 

Todas las respuestas se enferman con obesidad, diabetes, gastritis, estreñimiento, migraña, caries, artritis, disfunción eréctil, bronquitis, isquemia, derrames cerebrales, osteoporosis, hiperactividad, insuficiencia renal crónica, cirrosis hepática, tumores, somnolencia, infartos, y demás sufrimientos causados por la artillería química.

 

Te ofrecemos una maravillosa orgía de espesantes, colorantes, edulcorantes, acidulantes, enturbiantes, emulsificantes, estabilizantes, gelificantes y retardadores, para que el sabor de todas las preguntas y de todas las respuestas, jamás pueda distinguir el encanto natural de la avena, del trigo y del ajonjolí.

 

Nos dejamos influir y arrastrar por la corriente, porque es el camino más fácil de caminar, porque es el camino más simple de transitar, y porque es el único camino que aprendimos a caminar.

 

De hecho, si le preguntamos tres veces al espejo la fecha de nuestra muerte, seguro que obtendremos la página del obituario por adelantado. Pero si le preguntas al espejo cuántas calorías te acabas de comer, seguro que romperás los siete añitos de la malísima mala suerte.

 

Jugar con el destino, jugar con la suerte y jugar con la salud, son peligrosísimas equivocaciones que cometemos diariamente, y que tienen un precio tan mortal como los números de las tarjetas de crédito.

 

Los delitos sociales, culturales y ecológicos, que vienen edificando las transnacionales del siglo XXI, reflejan el poderío del gran adoctrinamiento de masas, que nos convierte en figuritas canjeables por la mejor oferta, por la mayor demanda y por la peor trampa.

 

Todos los años se expanden las gigantescas fronteras agrícolas, para aumentar la agresiva tasa de deforestación global, para robarles el techo y el sustento a los valientes campesinos, para saquear las tierras ancestrales de las comunidades indígenas, para ensuciar la belleza de los recursos naturales foráneos, para matar de soledad a las especies de fauna autóctona, y para derramar la miel del neoliberalismo imperialista.

 

No podemos diferenciar la verdad de la mentira, no podemos clarificar la ficción de la realidad, y no podemos endiosar la sabiduría de la ignorancia, porque es muchísimo más sencillo comprar la lógica del supermercado, comprar la ciencia de las farmacias, y comprar el billete del banco.

 

Desde que cepillamos nuestros dientes en el hermoso amanecer, pasando por el fin de la jornada laboral en el ocaso del atardecer, y cerrando los ojos del cansancio en el triste anochecer, siempre recorremos un nefasto estilo de vida supeditado al control psicosocial, que ejercen las transnacionales en el espíritu vacío y viciado del pueblo.

 

Necesitamos con desesperación que toda la artillería externa, controle el tiempo interno de nuestro reloj biológico. Qué comer, qué beber, qué vestir, qué soñar, qué odiar y qué amar. No somos responsables de lo que decimos, no somos dueños de lo que pensamos, y no somos conscientes de lo que comemos.

 

Un minuto perdido, y llegamos tarde a la rutinaria oficina. Un segundo perdido, y llegamos tarde a la clase en la universidad. Un suspiro perdido, y llegamos tarde a la cita con el ataúd.

 

Por eso dicen que el cerebro es como un semáforo. Cuando prende la luz verde, piensa. Cuando prende la luz amarilla, olvida. Y cuando prende la luz roja, muere.

 

Vemos que la ciudadanía vive paralizada en una avasallante luz roja, que carcome la divina razón y corrompe el corazón del prójimo. Somos los esclavos más esclavizados por las grandes transnacionales, que todos los días nos roban el sagrado dinerito del bolsillo, vendiéndonos toda la basura incomestible de sus fábricas a nuestra boca.

 

Según las sagradas páginas del diccionario, la palabra Alimento se define como el poder nutritivo presente en una o más sustancias, que los seres vivos comen o beben para nutrirse y preservar su existencia.

 

La basura incomestible no puede llamarse alimento procesado, porque ni siquiera procesa la digestión gástrica. No puede llamarse alimento transgénico, porque ni siquiera transforma la flora intestinal. Y no puede llamarse alimento concentrado, porque ni siquiera concentra la constipación emocional.

 

No podemos llamar Alimento a una serie de compuestos químicos, que descalcifican los huesos, que deshidratan las venas, y que disfrazan las moléculas del genocidio. Pese a que se comercializan como alimentos 100% saludables, realmente son terribles inventos que no pasan de moda, y que se elaboran en los laboratorios más clandestinos del planeta Tierra.

 

Por décadas se han utilizado a las ratas, a los conejos y a los monos, como los mejores aliados para que los científicos realicen sus pruebas de calidad, y puedan determinar si la piel del animalito se sonrojará o se enrojecerá, después de inyectar los venenosos polvos en la sangre carnívora.

 

Pero ahora los Seres Humanos se convirtieron en los mejores conejillos de Indias, porque siempre compran, cocinan y glorifican la basura incomestible de las transnacionales. Ya no se necesitan los exhaustivos controles sanitarios, para evaluar el posible suministro de los venenos a la colectividad, porque los nuevos animales afeitados y en dos patas son más fáciles de cazar, son más baratos de obtener, y son más dóciles de convencer.

 

El descarado irrespeto a la vida y a la salud humana, demuestra el éxito de la arquitectura socio-económica establecida por la Sociedad Moderna, que se acostumbró a vivir en grandes jaulas simétricas de cemento urbanizado, donde se degrada el poder de la voluntad, se denigra el poder de la dignidad, y se destila el poder de la sobriedad.

 

No es casualidad que la mortífera Cultura de la Muerte, impuesta por las famosas transnacionales del sector alimenticio, se fundamenta en cinco efectivas estrategias de ataque, para garantizar el expendio de todos sus clásicos venenos.

 

En primer lugar, las transnacionales compran el silencio de los entes nacionales y extranjeros, que aunque deberían prohibir la libre comercialización de su basura incomestible, se quedan calladitos e impacientes por recibir más recompensas monetarias.

 

La jugosa corrupción que soborna a la Organización Mundial de la Salud (OMS), que trafica con los gubernamentales Ministerios de Salud, y que financia a las Asociaciones de Protección al Consumidor, permite que se autorice la libre distribución de todo el portafolio corporativo, sin sentir remordimiento por el daño a la salud que provocarán en los individuos.

 

Nos duele reconocer que hasta la todopoderosa Iglesia Católica, que es una transnacional religiosa con gran reputación en el planeta Tierra, y que tiene un alto poder de convencimiento entre sus millones de feligreses, pues tampoco denuncia que sus fanáticos se enferman con Pepsi-Cola, Cargill, Red-Bull, Maggi, McCormick, Marlboro, Lucky Strike, Frito-Lay, Kraft, Budweiser, y demás marcas dedicadas a corromper los siete potajes.

 

En segundo lugar, las transnacionales despliegan una colosal guerra publicitaria en los medios de comunicación social, que obliga a idolatrar el veneno empaquetado o embotellado, para que los potenciales clientes no duden en codiciar, en pagar y en comprar el producto ofertado.

 

La insaciable contaminación mental producida por el huracán capitalista, se puede hallar en la televisión, en la radio, en los periódicos, en las calles y en la Web. Hay un festival proteínico de jingles, colores, mujeres, pistolas, sonrisas, aplausos, burbujas, drogas y licores. Es imposible escapar de tanta tentación comercial, que se repite durante las 24 horas del día, y que va bloqueando el discernir de las inocentes víctimas.

 

En tercer lugar, las transnacionales generan la adicción al consumo en todos sus consumidores, porque no es suficiente comprar y probar una sola vez la basura incomestible, ya que lo importante es aumentar el nivel de las ventas y certificar el margen de la ganancia.

 

En la mayoría de los contenidos publicitarios, se utiliza la hipnosis audiovisual, la programación neurolingüística y los mensajes subliminales, buscando que las personas se confundan y asocien la basura con sensaciones de felicidad, de euforia, de relajación y de paz. Se exhiben estereotipos de la vida mundana, que pretenden simbolizar la fuerza, la belleza y la independencia, para crearte la necesidad de ser lo que no eres.

 

En cuarto lugar, las transnacionales generan la enfermedad en los consumidores, porque sus queridas empresas farmacéuticas deben vender la explosión de pastillas, de cápsulas, de antibióticos, de tabletas masticables y de sedantes, que la genial medicina moderna y sus doctores propagandísticos, necesitan promocionar y vendernos al pie de la letra.

 

La gente nunca reconoce que sus enfermedades, son causadas por los malos hábitos alimenticios. Siempre se atribuye la desgracia a la tómbola, a la edad o a la cadena hereditaria. Pero jamás se culpa a la sabrosa basurita incomestible, por todos esos dolorosos quebrantos que van de mal en peor.

 

En quinto lugar, las transnacionales generan la cultura del descarte en sus consumidores, porque cuando los enfermos finalmente descubrieron la perversa verdad, ya se encontraban sepultados e incapaces de revelar la lista negra de los venenos, siendo necesario atraer y atrapar a nuevos rostros juveniles, que reiniciarán el proceso homeostático y apoyarán el progreso de la bestialidad humana.

 

Vimos que pasaron los años en blanco, y el semáforo sigue iluminando la luz roja, gracias a la entrada de los agrotóxicos, de las malformaciones genéticas, de las semillas patentadas y de los saborizantes artificiales.

 

El rugiente marketing de Chester Cheetos es más desgarrador, que alimentar a un millón de cerdos con la punta de un iceberg, porque el condimento perfecto es la industrialización de la Naturaleza, porque el ingrediente secreto es el borreguismo de los consumidores, y porque la última rebanada del salado pastel, va por cuenta de la casa.

 

El pobre coeficiente intelectual de los compradores, no les permite leer y comprender la explícita información nutricional, que se describe en toda la basura incomestible adquirida a diario. Ellos no pueden metabolizar el grosor de la apetitosa torpeza, por lo que caen en el pecado de la omisión, en el pecado de la negación, y en el salvaje pecado de la gula.

 

Hoy en día, las transnacionales se burlan de los tontos consumidores, afirmando que sus venenos son legales, ligeros, artesanales, integrales y naturales. También se están empleando falsas iconografías ecológicas, en las etiquetas frontales y dorsales de los productos, para que la gente piense que la enfermedad es una fuente de respeto ambiental, y no se preocupen por los altos niveles de colesterol, por la agitada presión arterial, y por el implacable osteosarcoma.

 

Pero lamentablemente, la basura incomestible no solo destruye el cuerpo humano, sino también deteriora los ecosistemas del Medio Ambiente, ya que el longevo consumismo se paga con las toneladas de plástico, cartón, papel, vidrio y metales, que se desechan con violencia en las principales calles de nuestros países latinoamericanos, generando un foco de permanente contaminación que acrecienta la desidia ambiental.

 

Nos preguntamos ¿Qué tan cerca estamos de desayunar con tostadas de Roundup? ¿Qué tan cerca estamos de almorzar con un litro de Castrol? ¿Qué tan cerca estamos de cenar con una dosis de DDT? ¿Qué tan lejos estamos de comernos el picantísimo Semáforo?

 

No hay duda que los hombres y las mujeres comen alimentos saludables, para elevar las vitaminas, las endorfinas y las alegrías. Mientras que los chatarreros y las chatarreras comen comida chatarra, para elevar las grasas saturadas, las flatulencias y las úlceras estomacales.

 

La mesa está servida para disfrutar de legumbres, hortalizas y frutas, que nos ayudarán a desintoxicar el cuerpo y el alma, con todas sus propiedades energéticas, antioxidantes y curativas, que permitirán fortalecer el delicado sistema inmunológico, reducir los problemas cardiovasculares, mejorar la circulación sanguínea, purificar el tracto urinario, combatir los rayos ultravioletas, y multiplicar las bendiciones del organismo.

 

Recordemos que cada 16 de octubre se celebra el Día Mundial de la Alimentación, para que las personas reflexionen sobre sus erráticos hábitos alimenticios, y se vuelvan solidarios con los hermanos y hermanas que sufren de hambre y sed, por la exagerada porción de indiferencia que padecemos en el Mundo.

 

Usted no debe continuar siendo un parásito masoquista, que se dedica a capitalizar el porvenir de las grandes transnacionales, a cambio de malograr los riñones, el hígado, los pulmones, el páncreas, la garganta, las neuronas y su agonizante cerebro.

 

Hoy más que nunca seamos jueces de lo que pensamos, seamos coherentes en lo que decimos, y seamos conscientes de lo que comemos.

 

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Semilla de salvación

Semilla de salvación

 

Carlos Ruperto Fermín

 

Con un grano de misericordia, se puede extirpar el cáncer del enfermo. Con un granito de arena, se puede detener la Tercera Guerra Mundial. Con un grano de maíz, se puede saciar la hambruna de los más pobres.

 

Entre abrazos, sonrisas y palabras de amor, es posible que un espermatozoide evolucione en una flor llena de paz, cariño y humildad. Es posible ganar la monumental carrera existencial, sin quemar a los adversarios con trampas uterinas. Y es posible nacer en absoluta libertad, para renacer como el profético profeta de una turba iracunda.

 

No olvidemos que nada es imposible de alcanzar en la vida, porque somos la brillante astucia del guerrero y de la guerrera, que despierta el plexo solar de las peores tinieblas, para aceptar y encarar sin ningún destello de miedo, todos los problemas y todos los desafíos por venir.

 

Sabemos que la envidia siempre quiere destruir la prosa de los ángeles, con una infinidad de elogios desde el lejano crepúsculo, que pretenden quebrar la pluma y secar el tintero de tu propio destino. Pero nosotros nunca nos damos por vencidos, porque no hay mal que por bien no venga, porque heredamos la sabiduría galáctica de Galileo, y porque la rendición pertenece al trágico reino de los cobardes.

 

Hay personas que tienen la felicidad en la palma de sus manos, pero no se cansan de recorrer la hermosa geografía del Mundo, con la única intención de arrancarle todos los sueños al poeta, y con la única ambición de convertirlo en el mártir más versado, más amaestrado y más desmotivado.

 

Pese a disfrutar de todas las comodidades y de todos los lujos del Universo, hay individuos que viven emocionalmente insatisfechos, y se encuentran espiritualmente vacíos por dentro. Los cazadores de genios siempre están al borde del suicidio, porque la dosis de egoísmo e ignorancia que les carcome el cuerpo y el alma, va bloqueando los tres ojos de la solidaridad, del altruismo y de la empatía.

 

Ellos podrían utilizar su riqueza para sembrar un árbol, para adoptar a un perro mestizo, para limpiar un parque, para reparar una silla de ruedas, y para vestir al vagabundo. Pero por desgracia, los majestuosos recursos materiales siempre corrompen a los benditos recursos naturales, y quien hoy se halle libre de pecado, que se atreva mañana a lanzar la primera piedra.

 

Dicen que mientras mayor sea la miseria, mayor será la promesa de misericordia. Es un gran alivio saber que después de tocar fondo, habrá un buen samaritano que te ayudará en la oscuridad, que te curará las heridas, y que te devolverá el amanecer. Sin embargo, la realidad planetaria que contemplamos a diario, nos demuestra que mientras mayor es la miseria, mayor es la garantía de pobreza extrema.

 

Es muy fácil rezar, cantar y predicar los cuentos bíblicos, desde la pantalla de un sofá hollywoodense, desde un plateado altar romano, y desde un paradisíaco jardín caribeño. Pero cuando los salmos y los versículos se rebelan del mágico libro, y deciden romper las páginas de la mágica fantasía, entonces deberán salir descalzos a la calle sin un centavo en los bolsillos, deberán partirse el lomo trabajando para alimentar a sus hacinadas familias, y deberán sudar la más amarga gota de la traición divina.

 

Afirmar que nadie es mejor que nadie, que todos somos iguales, y que la vida es un carnaval, nos convierte en los mejores blasfemos pecando en una blasfemia global. Una misma mentira idolatrada por el desconsuelo de una conciencia, que juega a ser el pasito a pasito de la absurda y totalitaria verdad.

 

Por eso, cada día se multiplican los niños que sufren de hambre en las calles latinoamericanas, mientras se multiplican los exquisitos panes calientitos y recién salidos del horno. Todos compran el sabroso olor de la panadería, pero usted no quiere regalarle un trozo de pan al huérfano. Con ese pan no te vas a enriquecer, y sin ese pan no te vas a empobrecer, pero hasta que no seamos la misma boca de los huérfanos, pues seguiremos siendo los mismos tragones de antaño.

 

En sus caras se observa tristeza, desesperación y soledad. Mejor hubiera sido abortar el feto materno y evitar el sufrimiento, porque los hipócritas que defienden el sagrado derecho a la vida, son los mismos fariseos que jamás regalan un panecillo al huérfano.

 

No se justifica engendrar un millón de víctimas cada nueve meses, para que la carencia de Educación Sexual se pague con una lista de victimarios, en un anónimo calvario umbilical que no escuchará relajantes canciones de cuna, que no gozará de banquetes celestiales en la mesa del edén, y que se desangrará chillando en un domingo sin resurrección.

 

Ellos no tienen la culpa de tanta mala suerte, y nosotros no merecemos la fortuna de tanta buena suerte.

 

Es consabido que los supermercados de nuestras localidades, desechan a la basura un gran número de productos alimenticios, que aunque no fueron adquiridos por los caprichosos consumidores, todavía se hallaban en estado comestible para su libre distribución, porque no habían expirado las fechas de vencimiento.

 

La lógica de la misericordia, nos pide que regalemos esos alimentos sobrantes a los indigentes del vecindario, porque el sentido común es una noble demostración de gratitud. Pero la maldita lógica del capitalismo, nos pide que tiremos esos alimentos sobrantes en el huerto del limbo, porque ni siquiera la gratitud se comercializa gratis a los clientes.

 

Nunca pedimos perdón de rodillas, por toda la fría perversión que creamos diariamente, pero necesitamos que el agresivo proceso de la quimioterapia, nos devuelva la célula madre de un maravilloso futuro por recorrer.

 

Todos deseamos un mejor futuro y un nuevo corazón en la vida. Un corazón para alabar y servir a la Madre Tierra, que sea tan limpio como el cristal, tan dulce como la miel, y tan fuerte como una hostia. Pero nuestra querida Pachamama, no se cansa de llorar a cántaros por culpa de los Seres Humanos, que tienen un corazón tan sucio como el dinero, tan dulce como la venganza, y tan fuerte como el odio.

 

Lloremos con alegría todo ese rencor, toda esa frustración y todo ese pesimismo, que no podemos seguir negando y que no debemos seguir callando. Es difícil reconocer nuestra legendaria cadena de errores, pero si realmente queremos dejar de ofender, de robar, de chismear, de matar y de volar por las nubes, pues tendremos que reconocer y confesar que somos unos groseros, unos ladrones, unos chismosos, unos asesinos y unos drogadictos.

 

Recordemos que no hay mansiones eternas en el cielo, que no hay tribunales de justicia ciega en el purgatorio, y que no hay chimeneas ardiendo de fuego en el infierno. Tan solo existe un golpeado Planeta Tierra que se cae a pedazos, y una Humanidad que santifica o maldice su pasajera existencia sideral, con cada acción social o inacción personal que delimita su vida terrenal.

 

Es allí donde la fe mueve montañas, para que otras montañas pierdan la fe. Un simplísimo reflejo de la vida. Tú solo quieres que la fe mueva esas estorbosas montañas, para hallar claridad y encontrar el éxito en la vida. Pero recuerda que cuando la fe mueva esas estorbosas montañas, para despejarte la vista y abrirte el camino al éxito, otras montañas le estorbarán el paso y le cerrarán el camino a otro montañista.

 

A ti no te importa la cruz que carga en su espalda el otro montañista, por lo que no te interesa su dolor, su fracaso y su derrota. Tú solo quieres alcanzar la cima de la montaña primero que los demás, tomarte una espectacular selfie primero que los demás, y saborear el placer de la victoria primero que los demás.

 

Por eso dicen que la fe es la certeza de lo que se espera, y la convicción de lo que no se ve. Nunca hemos visto el valor de ayudar sin esperar nada a cambio. Todo lo que hacemos en la vida, lo hacemos esperando conseguir una recompensa. Una ovación, una moneda, una erección. Vivimos llenando el cofre del tiempo con billetes verdes, con noches de sexo y con platos de comida, pero jamás podremos ocultar la terrible indiferencia, que pudre al gran tesoro de la confraternidad.

 

Para evitar el eco de la indiferencia, todos los días la fe mueve sus preciadas montañas. De arriba hacia abajo y de izquierda a derecha. La fe va y viene. Es un sentimiento impredecible. Fíjate que las montañas siempre varían de color, de región, de clima, de altura y de trayecto. Pero no olvides que esas montañas seguirán siendo las mismas montañas, sin importar el color, la región, el clima, la altura y el trayecto.

 

Todos queremos gozar del don de la inmortalidad. Nadie pero absolutamente NADIE, quiere perder el consagrado don de la vida. Americanos, europeos, asiáticos, africanos y oceánicos. Todos quieren vivir por siempre y para siempre. Pero lamentablemente, hemos dejado que el desdichado don de la rivalidad, nos mantenga presos en inagotables batallas llenas de lágrimas, de armas y de desolación.

 

Si culpamos al orgulloso Caín, también tendríamos que culpar a David, para finalmente volver a culpar a Eva.

 

Es obvio que cuando todo va viento en popa, todos agraciamos la omnipresencia del Espíritu Santo. Pero cuando los leprosos tocan la puerta de nuestra casa, nos lavamos las manos como el mismísimo Poncio Pilatos.

 

La prostitución de la fe, es el mal de males en el siglo XXI. Vemos que muchísima gente hispana, le coloca acento ortográfico a la palabra fe, pensando que la fe se escribe con tilde. Nadie entiende las reglas convencionales de acentuación, pero todos sienten que la fe debe reforzarse con el acento ortográfico.

 

Es así como la fe no se basa en leyes explícitas, sino en la necesidad implícita de creer, con una enorme venda en los ojos.

 

A gritos pedimos sanación, pedimos piedad, y pedimos compasión. Llevamos tatuada la imagen de una doble moral, que come carne sin importarle la tortura del animalito en el matadero, que asiste a la santa misa de la Iglesia con la mujer del prójimo, y que ejercita la intolerancia calzándose sus propios zapatos.

 

Por ejemplo, hay personas que afirman ser los máximos protectores de los derechos humanos, repudiando las escalofriantes penas de muerte que incluyen la silla eléctrica, la inyección letal y la guillotina. Pero cuando ese delincuente que merece una segunda oportunidad en la vida, se encargó de apuñalar y matar a la mamá, a la esposa, o a las hijas de los máximos protectores de los derechos humanos, pues estamos seguros que ellos clamarán justicia y exigirán la pena de muerte, para que el maldito delincuente reciba el martirio de la silla eléctrica, del envenenamiento químico y de la guillotina.

 

Cuando nos juzgan sin conocernos, y cuando juzgamos sin conocerlos, estamos edificando una peligrosa furia en el Medio Ambiente, que genera un arrebato de indignación en nuestros pueblos latinoamericanos, permitiendo que las protestas violentas, los linchamientos públicos y los genocidios verbales, nos quiten el don de ser dignos y vivir en dignidad.

 

No hay duda que la homosexualidad es una bendición tan grande como la heterosexualidad. La orientación sexual se expresa naturalmente en cada organismo, y NO debe catalogarse como un estigma, que nos haga superiores o inferiores a los demás. Lo realmente importante en la vida, es la calidad humana que manifiesta la persona, evitando el vicio capitalista de la deshonestidad, y subrayando el ideal humanista de la tolerancia.

           

Por eso, somos una maraña holística que se marchita con cada equivocación, y se regenera con cada plegaria sin fundamento. Un simple costal de huesos, que se dedica a depredar los corazones rotos, para que la teoría del cáncer sea el principio del fin.

 

La historia estéril de beneplácito, se recrudece cuando perdemos a nuestros mejores amigos, que no quisieron visitarnos en el hospital, que cambiaron los dígitos de sus números telefónicos, y que fueron sedientos lobos disfrazados de caperucita roja.

 

Perdonar es la clave para germinar una nueva semilla de salvación. Nuestra voluntad no puede ser tan endeble, como una hoja de primavera en el bosque. Debemos desechar la mentalidad basura adquirida por religión, que se sistematiza en premiar o culpar a las deidades supremas, por todos los triunfos alcanzados o por todos los tropiezos cometidos.

 

Por el contrario, debemos empezar a construir una auténtica filosofía de vida, en la que seamos los únicos dueños del camino por hilar. Maduremos el fruto de la responsabilidad social, ambiental y cultural, para no seguir culpando a terceros de nuestra propia culpa, para no seguir contaminando el entorno que habitamos, y para no seguir negándole el pan al desafortunado.

 

Todos compartimos el mismo barco. El huérfano, el envidioso, el poeta, el chismoso, el leproso, el buen samaritano, el drogadicto, el asesino, el autista, el ladrón, el rey y el ciempiés. Pasaron los años, y no supimos controlar el mismo barco. Pasan los años, y no sabemos por dónde navega el barco. Pasarán los años, y nos quedaremos con un barco a la deriva.

 

Ya muchos compatriotas se ahogaron en las profundidades del mar, y el resto de los mercantes se niegan a pedir auxilio en altamar. Ellos siguen esperando un milagro que calme la oleada de crisis, pero la tempestad de la tormenta viene retoñando más canas, más arrugas y más cenizas.

 

Todos quieren manejar el timón, pero nadie sabe nadar contra la corriente. Todos quieren ser el capitán, pero nadie tiene voz de mando. Todos quieren llegar a tierra firme, pero nadie aprendió a caminar.

 

He allí lo bonito del arte. Un trago amargo de la vida, se transforma en un manantial de esperanza. Ekologia.com.ve

 

Las jaulas de clases en Venezuela

Las jaulas de clases en Venezuela

 

Con una simple consonante sobrante, se puede destruir el sueño literario de Andrés Bello. Y con una simple consonante faltante, se puede rescatar el sueño revolucionario de Simón Bolívar.

 

Mis queridos amigos y mis queridas amigas. Gracias por leer un nuevo capítulo de la historia venezolana, que nace por culpa de la grave falencia pedagógica, que se exhibe en los vestigios del tricolor patrio.

 

Ustedes no se equivocaron de canal, y yo no me equivoqué de señal. Si usas lentes de lectura, no hay necesidad de reemplazarlos. ¡Leíste bien! Y si no usas lentes de lectura, no hay necesidad de comprarlos. ¡Leíste muy bien!

 

El título del artículo es célebre, certero y correcto. Jaulas de clases. En Venezuela no existen las clásicas aulas de clases, donde demostramos que NO somos animales en dos patas. Por el contrario, en Venezuela existen las endemoniadas jaulas de clases, donde demostramos que SI somos animales en dos patas.

 

Según las sagradas páginas del diccionario, la palabra Aula se define como la sala de los centros educativos donde se imparten las clases a los estudiantes. Mientras que la palabra Jaula, se teoriza como el calabozo hecho de barras sólidas y simétricas para encerrar a los animales.

 

Tras aclarar el concepto de cada palabrita, surge la inevitable pregunta del prójimo: ¿Por qué afirmamos que en Venezuela existen jaulas de clases?

 

La triste argumentación histórica, nos remonta al mes de febrero del año 2014. Yo me encontraba sentado frente al balcón de mi casa, escribiendo un artículo ecológico sobre el nacimiento de la Misión Nevado, que fue publicado en Aporrea y compartido con todos sus fieles lectores.

 

Es obvio que cuando pierdes el miedo a expresarte libremente, cuando no te importa recibir insultos de los enemigos, y cuando la gran verdad erotiza a tu épica prosa, entonces puedes escribirle una carta abierta al todopoderoso Universo, sin sentir temor por el rechazo popular del pueblo, por los gases tóxicos que asfixian a los pulmones, por las estruendosas alarmas de los carros, por el inmaculado trinar de los pájaros, y por el furioso choque de las puertas.

 

Levitando en el cielo de la terraza con una taza de té, escuché la onomatopeya de unos ladridos muy desafinados, que provenían de las salvajes voces humanas perceptibles en el entorno.

 

Yo pensaba que el clamor próximo a mi morada, yacía de la típica y mundana muchedumbre, que debemos asediar y soportar a diario.

 

No obstante, cuando agudicé mi sexto sentido y presté la mayor de las atenciones a la gritería, pude escuchar por primera vez a los muchachitos exclamar: ¿Quiénes somos? Estudiantes ¿Qué queremos? Libertad

 

Yo dije ¡WOW! No puedo creer lo que mis oídos escuchan en vivo y directo. Al principio me dio tanta risa, que lloraba de carcajadas frente a la computadora. Luego quise comprar un potente artefacto lanzallamas, y quemar con vehemencia a esos jóvenes tontuelos. Y finalmente sentí muchísima lástima por todos los crédulos estudiantes, que realmente fueron las inocentes víctimas del pan y circo venezolano, orquestado por el maravilloso pan y vino de la oligarquía estadounidense.

 

La consigna de los malandros estudiantiles, se repetía con la misma cobardía histriónica, que vocalizan los obedientes loritos parlanchines. Una y otra vez escupían la saliva antipatriótica, repitiendo: ¿Quiénes somos? Estudiantes ¿Qué queremos? Libertad

 

Yo decía ¡Dios! Qué diría nuestro querido San Juan Bosco, si viera que en su famoso colegio privado, se politizan las mentiras con el consentimiento de los maestros, de los directores y de los representantes. Qué diría nuestro querido Domingo Savio, si viera que la sabiduría de su nombre dogmático, se ensucia con la patanería de la ignorancia mediática. Qué diría nuestro querido San Agustín, si viera que sus alumnos son tan fáciles de manipular, de amedrentar y de idiotizar, que serían capaces de vender su letrado verbo al mismísimo Diablo.

 

Por favor seamos 100% sinceros. Si fue tan fácil lavarles los cerebros a los estudiantes venezolanos, que cursaban el quinto y último año de bachillerato en los colegios privados, con una estúpida consigna compuesta por el Tío Sam, con unas rebuscadas palmaditas calientes de bullaranga, y con un falsísimo sentido de rebelión sentimentalista, pues debemos aceptar que el longevo sistema educativo impuesto en Venezuela, ha sido un bochornoso FRACASO en todos los pupitres, y en todos los pizarrones de la geografía criolla.

 

Un fracaso tan convincente, que la masa estudiantil venezolana puede ser rápidamente hipnotizada y domesticada, con un implacable bombardeo publicitario a cargo de los medios privados, con las toneladas de mensajes en cadena subversiva a través de las redes sociales, y con la explosiva pirotecnia barata que se quema en un burdo pipote comunicacional.

 

Más de diez años de un supuesto aprendizaje primario, secundario y diversificado, para que al final del camino académico, titulemos a dóciles criaturas sin capacidad de discernimiento, sin inteligencia emocional, y sin objetividad pragmática. Es genuinamente lamentable, descubrir que los chamitos solo se dedicaban a pasar de grado en grado, que los padrecitos solo se dedicaban a recoger la penosa boleta en la postrimería del año escolar, y que las escuelitas fueron los mejores templos del ocio, del vandalismo, de la promiscuidad y de la mediocridad.

 

Sigan viendo El Chavo del 8 en Venevisión, para que el pobre coeficiente intelectual, les ayude a reparar las canicas de las Matemáticas. Sigan jugando Grand Theft Auto en Alta Definición, para que el pobre coeficiente intelectual, les ayude a yuxtaponer la oración del Castellano. Sigan viendo los partidos de La Vinotinto en DirecTV, para que el pobre coeficiente intelectual, les marque cero goles en la exitosa jornada.

 

Los enjaulados sobreviven atrapados en jaulas capitalistas, donde el analfabetismo precoz es el mejor libro de la selva. Por eso, los estudiantes venezolanos de los colegios privados, reflejan el negocio mercantilista de sus planteles educativos, donde se aprenden las fábulas democráticas del catecismo, del consumismo y del neoliberalismo.

 

El juego geométrico de la vida venezolana, rompe el compás de un servicio comunitario hecho por voluntad, y NO por la secularización de aprobar materias al galope. La viveza del venezolano escapa de la humanización cognitiva, para adentrarse en un espacio y tiempo lleno de retaliaciones monetarias. Los muchachos siempre buscan el dólar de la ganancia, de la astucia y de la trampa. Sus emociones triviales a flor de piel, no pueden generar la más lógica sindéresis para el usufructo colectivo, y las competencias físicas diseñadas para alcanzar las metas individuales, los estimulan a no practicar la introspección en el plano familiar, social y ambiental.

 

¡Qué mediocres son los colegios privados en Venezuela! No enseñan absolutamente NADA que valga la pena enseñar, e ignoran absolutamente TODO lo que no se debe ignorar. Las drogas, el bullying, el cigarrillo, la pornografía, el alcohol. Se dedican a inscribir a cualquier cosa con plata en los bolsillos, mientras aumentan el precio de las costosas matrículas, y disminuyen la calidad de la repudiable educación soberana.

 

Togas sin diplomas, birretes sin bendiciones y medallas sin brillo, para graduar a un grupillo de animales venezolanos, que repitieron con inmadurez y devoción el cántico: ¿Quiénes somos? Estudiantes ¿Qué queremos? Libertad

 

Si realmente hubieran sabido quiénes eran, no se hubieran prestado al borreguismo de la oposición. Si realmente hubieran sido estudiantes, no hubieran dramatizado la ridiculez en las carreteras del país. Si realmentehubieran sabido lo que querían conseguir, no hubieran contribuido a la quema de 5000 árboles patrimoniales. Y si realmente hubieran deseado la libertad, pues no se hubieran comportado como los mismos delincuentes encarcelados.

 

Recuerden que yo nunca digo mentiras al viento. Nadie me echó el cuento en el autobús, y nada me convenció a relatarlo. Yo tuve que vivir y sufrir en carne propia, la mediocridad del sistema educativo privado en Venezuela. Les aseguro que los parásitos solo reciben clases de frivolidad social, de putrefacción moral, y de sumisión personal.

 

Si le preguntamos a cualquier niño venezolano, que cursa el primer grado en un colegio privado, cuál es el significado de la palabra Amor, estamos seguros que el niño nos responderá con valentía “Uga Uga”

 

Si le preguntamos a cualquier niño venezolano, que cursa el segundo grado en un colegio privado, cuál es el significado de la palabra Amistad, estamos seguros que el niño nos responderá con valentía “Uga Uga”

 

Si le preguntamos a cualquier niño venezolano, que cursa el tercer grado en un colegio privado, cuál es el significado de la palabra Valentía, estamos seguros que el niño nos responderá con valentía “Uga Uga”

 

Si le preguntamos a cualquier chamo venezolano, que cursa el cuarto grado en un colegio privado, cuál es el significado de la palabra Honestidad, estamos seguros que el chamo nos responderá con valentía “Uga Uga”

 

Si le preguntamos a cualquier chamo venezolano, que cursa el quinto grado en un colegio privado, cuál es el significado de la palabra Humildad, estamos seguros que el chamo nos responderá con valentía “Uga Uga”

 

Si le preguntamos a cualquier chamo venezolano, que cursa el sexto grado en un colegio privado, cuál es el significado de la palabra Lealtad, estamos seguros que el chamo nos responderá con valentía “Uga Uga”

 

Si le preguntamos a cualquier adolescente venezolano, que cursa el séptimo grado en un colegio privado, cuál es el significado de la palabra Envidia, estamos seguros que el adolescente nos responderá con valentía “Uga Uga”

 

Si le preguntamos a cualquier adolescente venezolano, que cursa el octavo grado en un colegio privado, cuál es el significado de la palabra Tolerancia, estamos seguros que el adolescente nos responderá con valentía “Uga Uga”

 

Si le preguntamos a cualquier adolescente venezolano, que cursa el noveno grado en un colegio privado, cuál es el significado de la palabra Reciclaje, estamos seguros que el adolescente nos responderá con valentía “Uga Uga”

 

Si le preguntamos a cualquier joven venezolano, que cursa el cuarto año en un colegio privado, cuál es el significado de la palabra Xenofobia, estamos seguros que el joven nos responderá con valentía “Uga Uga”

 

Si le preguntamos a cualquier hombre venezolano, que cursa el quinto año en un colegio privado, cuál es el significado de la palabra Racismo, estamos seguros que el hombre nos responderá con valentía “Uga Uga”

 

¡Qué vaina! Esos angelitos capitalistas entran con prisa y con rabia a la universidad, pero sin tener un mínimo de conocimiento adquirido, sobre el más básico existencialismo planetario.

 

Las payasadas cometidas por los estudiantes venezolanos, siempre se suben y se comparten en el paraíso de Youtube. Las golpizas, las humillaciones, las violaciones. El chiste es que los payasos y las payasas venezolanas, que se disfrazan de jueces y juezas de la Ley Orgánica para la Protección del Niño, Niña y Adolescente (Lopna), sigan disfrutando las chistosas payasadas y evadiendo la chistosa justicia.

 

En el ocaso del Sol, todos nosotros pagamos los platos rotos de la privatizada perversión escolar, porque es muy difícil perdonar y olvidar las pesadillas del acoso, del chisme, de las burlas, de las injusticias, de los moretones, de la prostitución y del suicidio.

 

Tanta mediocridad educativa en los colegios privados venezolanos, permitió que todas las ovejas ciegas del rebaño, gritaran a capela y con la garganta reseca: ¿Quiénes somos? Estudiantes ¿Qué queremos? Libertad

 

¡Qué tristeza! Tanto tiempo, esfuerzo, y dinero tirado a la basura. Es doloroso reconocer que los estudiantes de la empresa privada venezolana, nacieron para trepar las ramas de los árboles, para defecar estiércol en el bosque, para gimotear por una sabrosa zanahoria, para eructar los plátanos verdes, para aparearse los cuernos sin ducharse, para estafar a los ciervos incautos, y para comer frituras con las uñas bien afiladitas.

 

Si esos muchachos hubieran asistido a las benditas aulas de clases, antes de perder el tiempo en las malditas jaulas de clases, pues tendríamos generaciones y más generaciones de jóvenes venezolanos, prestos a compartir el pan con el enfermo, a regalarle la ropa vieja al viejo, a emborrachar con alegría a los abuelos, a cambiar el smartphone por la enciclopedia, a valorar el arte de la ecología, a respetar la cruz del minusválido, y a conquistar las páginas de la rica cultura aborigen.

 

Desafortunadamente, las neuronas no se pueden comprar con transferencias bancarias, con puntos de venta o con tarjetas de crédito. Todos los años la oposición venezolana compra millones de uniformes, libros, creyones, reglas, cartucheras, zapatos, correas y azucenas, para empezar con todas las energías el energizante regreso a clases.

 

Pero no hay duda que las neuronas de sus cerebros, siempre se quedan olvidadas sobre la enorme repisa de la sala comedor, frente al gigantesco televisor de dos mil pulgadas de altura, y debajo de la asombrosa alfombra persa de tanto pesar.

 

Imaginemos el primer día de clases. Abel estudia en un liceo público bolivariano. En su morral tiene un lápiz para escribir, un cuaderno para tomar los apuntes, y muchas ganas de aprender.

 

Imaginemos el primer día de clases. Caín estudia en un liceo privado católico. En su morral tiene una laptop para investigar, un pendrive para guardar los datos, una videocámara para grabar la clase, un Iphone para llamar a sus papás, una tableta para jugar en el receso, un reloj interactivo con Wi-Fi, y una impresora holográfica portátil.

 

La maestra Juana del liceo público bolivariano, decidió hacer una prueba de nivelación a los estudiantes, para evaluar sus fortalezas y debilidades académicas.

 

Una de las preguntas realizadas fue la siguiente: ¿De qué color es el caballo blanco de Simón Bolívar?

 

Abel respondió con seguridad “Blanco, el caballo es blanco”

 

La maestra Pilar del liceo privado católico, decidió hacer una prueba de nivelación a los estudiantes, para evaluar sus fortalezas y debilidades académicas.

 

Una de las preguntas realizadas fue la siguiente: ¿De qué color es el caballo blanco de Simón Bolívar?

 

Caín respondió con seguridad “Uga Uga”

 

Abel se ganó un 20, y Caín se ganó un 00.

 

Lo peor de todo el escándalo, es que los pseudos estudiantes como Caín ya están mentalmente contaminados, por lo que NO pueden regresar a la sala comedor de sus casas, para reconectar las polvorientas neuronas con el polvoriento cerebro.

 

Aunque duela asimilar la realidad, ya pasaron las siete de la mañana, ya el portón cerró con candado, ya el timbre se cansó de sonar, ya detallaron la lista de asistencia, ya salieron al recreo, ya desayunaron en la cantina, ya jugaron en el patio, y el presente ya eclipsó al trágico futuro por recorrer.

 

Por eso, un gran número de compatriotas se preguntan de carambola:

 

¿Cómo escriben los jóvenes de las escuelas privadas venezolanas? Escriben inteligencia con hache, con ese y con jota.

 

¿Cómo hablan los jóvenes de las escuelas privadas venezolanas? Hablan peor que un puertorriqueño adicto a Cristo.

 

¿Cómo piensan los jóvenes de las escuelas privadas venezolanas? Piensan que la vulgaridad del reguetón, es la única madre del Cosmos.

 

¿Cómo protestan los jóvenes de las escuelas privadas venezolanas? Protestan golpeando una chirimoya con la cuchara de una cacerola.

 

¿Cómo defecan los jóvenes de las escuelas privadas venezolanas? Defecan con todos los gases hediondos de la Coca-Cola, de la Pepsi-Cola y de la Malta Polar.

 

Ya todos conocimos las limitaciones mentales de los muchachitos retrasados, que estudian en los prestigiosos colegios privados de Venezuela. Sin embargo, ellos NO tienen la culpa de vivir en estado vegetativo de Transculturación, y tampoco tienen la culpa de adorar la miseria espiritual del Dios Dinero.

 

Es un círculo vicioso donde los padres, los abuelos, los tatarabuelos y las proles venezolanas, fueron las víctimas preferidas y predilectas de un venenoso modelo capitalista, que impuso su oferta y demanda con fuerza y fiereza en todo el territorio de Venezuela.

 

Las consecuencias de los traumas psicológicos heredados del siglo XX, se expresan claramente en el discernir de los venezolanos. Egoísmos, traiciones, disturbios, corrupciones, intolerancias, divorcios, usuras y decapitaciones. Si los venezolanos no cambian la mentalidad de sus corazones, y si no cambian el corazón de sus mentalidades, pues el siglo XXI jamás se podrá cambiar con un puñado de firmas, con revocatorios y con domingos electorales.

 

Vemos que la mayoría de los niños venezolanos, siguen naciendo y creciendo con la peor de las armas nucleares: la indiferencia. Ese antivalor se cuela como el cáncer, en las escuelas tanto públicas como privadas de Venezuela, y las apáticas semillas siguen brotando y pudriéndose, en cuatro paredes de una apática oscuridad nacionalista.

 

No pedimos que los estudiantes de los colegios privados, comprendan el significado de la canción “Space Enough To Grow” de Of Mice & Men, porque el inglés que se aprende en las escuelas del Sambil, tiene la cabeza tan pálida como el esclavizado avestruz.

 

No pedimos que los estudiantes de los colegios privados, comprendan el significado de la canción “Arco” de Santos Inocentes, porque el español que se aprende en las escuelas del Sambil, tiene la cabeza tan esclavizada como el pálido avestruz.

 

Tan solo pedimos que los estudiantes de los colegios privados, se atrevan a escuchar, a cantar y a bailar, una canción cuyo significado deberían comprender, reflexionar y amar.

 

El coro de la pieza musical venezolana, exclama: ¡Viva Venezuela mi patria querida, quien la libertó mi hermano fue Simón Bolívar!

 

Desde nuestro cibermedio Ekologia.com.ve exigimos que las jaulas dobleguen al Sistema, y que los animales enjaulados abran los ojos de la educación, para que realmente aprendan a vivir en santa libertad.

 

Problemática ambiental del estado Mérida

Problemática ambiental del estado Mérida

Es impresionante observar la grave crisis ecológica, que sufre el turístico y fotogénico estado Mérida en Venezuela. Aquella hermosa región andina que estuvo llena de caballeros, de cóndores, de osos frontinos, de truchas arcoíris, de fresas con crema, de valores y de inocencia, está convirtiendo su helada geografía en un foco de permanente contaminación ambiental.

 

Resulta imposible salir a las calles merideñas del municipio Libertador, sin asfixiarnos con el tremendo laberinto de smog, que todos los días respiramos, tosemos, y estornudamos a capa y espada.

 

Detrás de cada unidad vehicular del transporte público, se halla la estela grisácea y negruzca del ecocidio urbano, con esa descomunal mezcla de gases tóxicos, que se inhalan desde la primera hasta la última estación del trolebús.

 

El referido inconveniente ambiental, provoca una colosal bruma de alergia, de lágrimas y de carraspera, para todos los peatones y conductores que deben usar sus narices rojas, sus gargantas resecas y sus ojos llorosos. A su vez, la desesperación por salir con rapidez del tráfico nebuloso, acrecienta el uso irracional del claxon frente a los semáforos, y el mal genio de los individuos que circundan el congestionado entorno merideño.

 

Es realmente una locura la gran contaminación del aire, que castiga al cielo azulado del municipio Libertador en el estado Mérida. Nos duele ver como abuelitos y abuelitas que representan la historia viva de la ciudad, han tenido que usar tapabocas al momento de salir a las calles, como mecanismo de prevención ante la enfermiza ráfaga de combustibles fósiles quemados.

 

Tristemente, hay ancianos que ya no asisten a la santa misa de la Iglesia, y niños que tampoco van a los parques cercanos a sus viviendas, por el temor constante que produce el laberinto de smog, en detrimento de la salud humana.

 

La aceitosa nube de polución que dejan los autobuses, las busetas, los taxis, las motocicletas y los camiones, se encargó de extinguir el galope de los caballitos, de las mulitas y de los burritos de carga, que viajaban con la esperanza de Arapuey hasta Santa María de Caparo.

 

Es lamentable que el caos de monóxido de carbono, de colillas de cigarrillo, de axilas sin desodorante y de chimeneas de pollo en brasa, NO se canse de recorrer el torrente asfáltico de Los Próceres, de La Hechicera, de Glorias Patrias, del Paseo de La Feria, de los Chorros de Milla, de La Floresta, de Las Américas, de Las Tapias, de Alto Prado, de San Jacinto, del Mercado Periférico y del resto de localidades capitalinas, donde el vapor se confunde con la profunda neblina de la majestuosa Sierra Nevada, y opaca el aroma húmedo de musgo en lo alto del Pico Bolívar.

 

Siempre que abordamos el tema del smog fotoquímico en Venezuela, identificamos al estado Zulia con sus infinitos “carritos por puesto”, como el gran vencedor de la irresponsabilidad ambiental venezolana. Pero no hay duda que la sinusitis por cabeza del estado Mérida, empieza a pisarle los talones al infierno maracaibero.

 

También hemos detectado un rotundo fracaso, en la recolección de los desechos sólidos y en la implementación de la Cultura del Reciclaje, dentro del corazón de la fría metrópolis merideña. En casi todas las calles, avenidas y aceras, se aprecian improvisados rellenos sanitarios que fueron magistralmente construidos, por el fervor religioso de los ciudadanos merideños.

 

Vemos que las cáscaras del cambur, los pañales desechables, las botellas de licor, los envoltorios de golosinas y las cajas de cartón, son algunos de los residuos preferidos para lanzar a mansalva, en el paradisíaco templo de la desidia ambiental.

 

Sabemos que se han hecho esfuerzos filantrópicos, para generar la práctica del Conservacionismo en el estado Mérida. Por ejemplo, se incorporaron los contenedores ecológicos en la archiconocida Plaza Las Heroínas, donde los recipientes presentan una sencilla infografía, para que la gente arroje los desperdicios de origen orgánico e inorgánico.

 

No obstante, NADIE clasifica la basura que se desecha en esos contenedores, y es por causa de esa falencia, que los novedosos pipotes amigables con el Medio Ambiente, terminan usándose de la misma forma incorrecta, que los antiguos e ineficaces pipotes genéricos.

 

Pese a que todos los fines de semana, la Plaza de Las Heroínas se transforma en un criadero de turistas consumistas, NADIE emplea los contenedores ecológicos para preservar las áreas verdes del lugar.

 

Es común que después de fotografiar sus hocicos frente a las heroínas, después de besarse los cuernos en la brillante fuente acuática, y después de trepar las cuerdas del indomable Teleférico Mukumbarí, los animales nacionales y extranjeros siguen disfrutando de la misma barbarie ambiental, sin pensar en las fatales consecuencias de aplicar la cultura del descarte.

 

Nos asombró visualizar en plena vialidad de Mérida, a una bandada de zamuros revoloteando y picoteando la basura, que se hallaba dispersa y muy cerca del Hospital Universitario de Los Andes, creándose un espectáculo deprimente que genera insalubridad, infecciones respiratorias, y plagas de insectos, mosquitos y roedores.

 

En ese sentido, también hemos visto crecer muchísima maleza, en los espacios abiertos del estado Mérida. La falta de poda, pico y pala, ha permitido que desde la carretera del Viaducto Campo Elías, pasando por las adyacencias de la plaza Los Conquistadores, y llegando hasta el Monumento de las Cinco Águilas Blancas, se observen cerritos de monte, culebras y atracos, perjudicando el paisaje 100% natural del estado andino.

 

Por otro lado, tenemos la inevitable erosión, sedimentación y desecación del ancestral Río Chama, por la gran cantidad de bacterias, de microbios y de gérmenes, que los millones de traseros zulianos siguen produciendo y defecando, para que el diabético Coquivacoa siga ensuciando a nuestra bella Mérida.

 

En paralelo, es relevante mencionar el déficit que existe en el suministro del agua potable, para los habitantes que yacen en la población merideña.

 

Aunque Mérida tiene el agua potabilizada más limpia y mejor tratada de Venezuela, esa cristalina carta de presentación ha generado el abuso en el consumo de los usuarios, y por ende, se viene agudizando el racionamiento del vital líquido en la mayoría de los sectores y comunidades, para salvaguardar el derecho y el acceso a fuentes confiables de agua.

 

En cuanto al tema de la energía eléctrica, el estado Mérida no ha escapado de los apagones repentinos, de los cortes programados del servicio, y de las ruidosas máquinas auto-generadoras de electricidad.

 

Es cierto que por varias décadas, los merideños supieron aprovechar la naturalidad del frío andino, para gratuitamente ventilar y refrescar casas, comercios y edificios. Pero ahora vemos un gran número de aires acondicionados empotrados en Mérida, buscando que el jalón de innecesaria corriente eléctrica, congele la necesaria aplicación de la eficiencia energética.

 

Un caso particular de derroche eléctrico, se vislumbró en la sede de la Inspectoría del Trabajo en el municipio Libertador, donde nos quedamos perplejos al observar 5 compresores de aires acondicionados Split, sobresaliendo por la retaguardia del diminuto organismo público.

 

Otro malestar ecológico que resiente la capital merideña, es el gran número de perros y gatos que viven deambulando en la calle. Es difícil conciliar el sueño de madrugada, mientras escuchamos tantos ladridos y maullidos de animalitos, que padecen el grito de la indiferencia en la cuna de Nevado.

 

Pero basta con la resplandeciente luz del sol, para ver en vivo y directo a todas esas mascotas abandonadas, que se reproducen con rabia durante las 24 horas del día, y que son atropelladas por los jadeos de hambre y sed, frente a la lujuriosa Catedral de los más pobres.

 

Seguro que el mártir San Clemente, jamás pensó que su hogar se quedaría vacío de lunes a viernes, y que los domingos se quedaría a medio llenar.

 

Pero nuestro querido mártir, NO imaginó que el estado Mérida afrontaría un agresivo proceso de Transculturación, que viene degenerando su idiosincrasia con el acordeón del vallenato, que viene afianzando el sexismo con la vulgaridad del reguetón, y que viene denigrando a sus devotos con la música electrónica.

 

Es demasiado chocante salir de paseo por las calles merideñas, y escuchar las mismas estúpidas conversaciones, que se oyen en cualquier suburbio puertorriqueño, colombiano o caraqueño.

 

Pero es todavía más escalofriante, sentir que Mérida empieza a “evolucionar” como un estado más boricua que andino, como un estado más neogranadino que andino, y como un estado más anglosajón que andino.

 

Todos recordamos la sabiduría de la saludable gente merideña, que ayer nos hablaba sobre los beneficios del Aloe Vera, sobre la paz terrenal de las Carmelitas Descalzas, sobre el tradicional bizcochuelo de la Paradura, sobre los suéteres bordados con hilo artesanal, sobre las lúdicas campanadas del parque Beethoven, y sobre la sabrosa Vitamina con una pizca de canela en el centro.

 

Pero ahora los nietos y bisnietos de la saludable gente merideña, solo hablan sobre los inolvidables viajes de Panamá a Miami, sobre las urgentes transferencias bancarias en línea, sobre los escandalosos carros con bombas triaxiales Pioneer, sobre las clínicas que ofrecen medicina prepagada, y sobre los mejores trucos para robar comida en Garzón.

 

Atrás quedaron los nostálgicos días de la abuela, cuando pasábamos la tarde en las “maquinitas” del Hotel Altamira, jugando una y otra vez Mortal Kombat, Street Fighter II, Sonic, Tetris y Super Mario World.

 

Atrás quedaron los nostálgicos días de la abuela, cuando visitábamos mil pesebres de Navidad en una sola noche de viacrucis, porque las monjitas se iban a dormir sin miedo, y sabiendo que nadie se robaría al Niño Jesús.

 

Atrás quedaron los nostálgicos días de la abuela, cuando el olor de las pomarrosas llegaba hasta La Culata, y no había que prender una fogata en el páramo, para sentir el calor de una familia presa de amor.

 

Atrás quedaron los nostálgicos días de la abuela, cuando “La Venezuela de Antier” era un atractivo destino recreacional, y no había que bostezar la dramatización del frailejón, con un limón en el puño cerrado de la mano.

 

Atrás quedaron los nostálgicos días de la abuela, cuando visitar la famosa Heladería Coromoto en El Llano, era una gran oportunidad para compartir el sabor del mantecoso récord Guiness, sin obsesionarse con protagonizar una nueva selfie en Facebook, en WhatsApp y en Youtube.

 

Atrás quedaron los nostálgicos días de la abuela, cuando los bailadores bailaban felices en Bailadores, y llevaban el folklore de su tierra natal hasta los suelos de Mucuchíes, Tovar, Jají, Ejido, Lagunillas, Timotes y El Vigía.

 

Atrás quedaron los nostálgicos días de la abuela, cuando los aviones del Carnevali pasaban por encima del cementerio, y el color de las flores que avivaba la oración, perfumaba cada minuto del sagrado silencio.

 

Es obvio que el estado Mérida se olvidó de lo bueno, y empieza a subsistir de los malos recuerdos, junto a la pandemia de las mujeres embarazadas en cada esquina, de los bebés recién nacidos chillando en cada esquina, y de una inédita sobrepoblación en cada preocupante esquina merideña.

 

Por desgracia, Mérida se queda con seminaristas que estudian el inglés del Tío Sam. Mérida se sigue quedando con fuegos artificiales, que contaminan la luna del 31 de diciembre. Mérida se queda con muros ilegales de piratería audiovisual, que se compran y se venden con el consentimiento de los cuerpos policiales, y con el descarado copyright de los delincuentes.

 

Mérida se sigue quedando con un lucrativo zoológico, que mata de soledad a los angelitos enjaulados. Mérida se queda con la trompeta del mariachi, por encima del violín campesino. Y Mérida se quedó con las sangrientas corridas de toros, en el ruedo de la monumental ignorancia.

 

Queremos de vuelta a la Mérida que pensaba antes de hablar, a la Mérida que ayudaba sin esperar nada a cambio, y a la Mérida que no le importaba que la llamaran gocha.

 

Si llamamos gocha a la Mérida del siglo XXI, seguro que por venganza sacará el mismo cuchillo que los malandros de Petare, seguro que por venganza talará y quemará los árboles más bonitos de la ULA, y seguro que por venganza te envenenará la hamburguesa que compraste en La Nota.

 

Aunque el hipnótico Viaducto Miranda, fue pintado con alegría para evitar el suicidio de los borrachitos, de los solitarios y de los atormentados. Sabemos que en la oscuridad de la noche, el fantasmagórico puente sigue sin alumbrar la penumbra del abismo, por lo que sería muy fácil lanzarnos al vacío y vivir eternamente en las tinieblas.

 

Pero pensando en un futuro ecológico para el estado Mérida, creemos que la ciudadanía debe rescatar el ADN de su identidad cultural, para volver a respetar la palabra del prójimo, para aprender la educación ambiental en los colegios, para que las jovencitas no salgan casi desnudas a la calle, y para que la niñez andina no viva de las limosnas frente al espejo.

 

Cada vez que llegan las temporadas de vacaciones en el mes de agosto, en Semana Santa, en el asueto navideño y en Carnaval, los venezolanos somos los principales testigos, cómplices y culpables, de continuar ahogando a la preciosa Mérida en toneladas de basura, en llamaradas de smog y en obleas de desolación.

 

Dicen que los incendios forestales, los terremotos y las avalanchas, son divina potestad de la gloriosa Madre Tierra. Pero las condiciones climáticas del telúrico estado Mérida, vienen siendo diariamente alteradas por una industrialización de los recursos naturales, que casi se desplomaron de la maciza Cordillera de los Andes, con el peligrosísimo “enjambre sísmico” ocurrido en el mes de noviembre del 2015, y que sacudió al tembloroso territorio merideño con sus más de 130 réplicas a cuestas.

 

Sabemos que el capitalismo salvaje compró a la Mérida de España, y también compró a la Mérida de México. No queremos que la Mérida de Venezuela, sea la última y fatal víctima de la destrucción moral, social y ecológica, que solo el Dios Dinero es capaz de producir en sus víctimas.

 

El artículo que estamos publicando y compartiendo en Aporrea, fue escrito durante el mes de julio del año 2016. Queremos que nuestra información sobre la problemática ambiental del estado Mérida, pueda seguir siendo actualizada por aquellos lectores, que conozcan otros escollos latentes sobre la referida temática. Por eso, les dejamos un link de acceso público para visitar y ampliar el contenido.

 

 

Hoy más que nunca, abre los ojos valientes de Anastasia, alza el vuelo rapaz del Vultur Gryphus, y que la fe mueva las montañas conservacionistas.

 

carlosfermin123@hotmail.com